sábado, septiembre 06, 2003

Ayer tuve un día particularmente feliz. Después de casi 14 años me encuentro con un amigo, mi amigo Manuel, en ese tiempo seminarista y hoy un respetable cura, y también con otro compañero, el intelectual Martín, él sí mundano desde siempre; y nos sentamos a conversar y a almorzar en un excelente restaurante (muy buena elección Martín).
Me ha emocionado mucho e ver a mi amigo Manuel, porque además de recordar todas las anécdotas universitarias: las reuniones de estudios (donde siempre se colgaba Manuel), las bromas (la mayoría eran para él), los apodos a los profesores (la mayoría propiciados por él), las discusiones políticas (ja! eso creíamos). Ayer lo veía contando y recordando las cosas que se quieren recordar y me di cuenta de un detalle: el de su bondad. Tras toda esa palomillería que se vive en los estudios universitarios, él opto (mi amigo Manuel) por otra vida, aunque nos acompañaba en nuestras salidas a fiestas y borracheras como todo universitario que se respete, él tuvo otra vida, con sentimientos muchos más amplios que los nuestros, puesto que optamos por una pequeña familia a quien querer y ayudar. El optó por regalar cariño y protección a mucha más gente(ojo, no digo a todos porque santo, santo... no es... yo lo conozco). Si, ayer ví esa bondad que antes no había reconocido bien, y ahora con un empaque familiar esta más bonachón que antes.
No sigo, porque sobona... ¡no soy! Pero espero que capten la sensación tan cálida de reencontrarme con parte de mi pasado y saber que mis amigos están bien, están felices con la vida que tienen y con el peso también. , así como yo...
Espero verte de nuevo Manuel y ti también Martín